La luz del sol matutino entraba a raudales por los amplios ventanales del ático, bañando todo con un suave resplandor dorado. Nadine despertó parpadeando, momentáneamente desorientada. Le costó un segundo recordar dónde estaba.
Aquel no era su pequeña y acogedora casa. Era el ático de Adrian, el lugar al que los había llevado después de que su casa se incendiara.
Se incorporó lentamente, estirándose mientras miraba a su alrededor. La cama era suave, las sábanas delicadas contra su piel. No esta