El padre de mis hijos.
Me encontraba en el asiento del pasajero, sintiendo cómo el murmullo del motor se fundía con los latidos acelerados de mi corazón. Oliver, con esa mirada enigmática que siempre supo atreverse a todo, se mantenía en silencio, mientras contemplaba nuestras manos entrelazadas.
—¿Sigues nerviosa? —Inquirió en un tono bajo. Yo negué y le dediqué una breve sonrisa mientras me recordaba en su hombro y al igual que él mantenía la vista en nuestras manos.
Nunca pensé que podríamos estar de esta manera,