Adrien y James O'Sullivan.
No sé en qué momento exacto se grabó esta imagen en mi memoria, pero cada vez que cierro los ojos, vuelvo a aquella tarde gris y lluviosa en la que, sentada de frente a Oliver, debíamos hablar de algo tan simple y tan crucial como los nombres de nuestros futuros gemelos.
Recuerdo claramente el murmullo constante de la lluvia golpeando los cristales de la sala. La penumbra del atardecer se filtraba a través de las cortinas, esbozando sombras sobre las paredes, como si el mundo mismo estuviera