Frutos del amor que descubrí.
Cuando desperté, la habitación estaba revelada con luces suaves y el murmullo de voces que expresaban alivio. Mi mente, aún enredada en la pereza del sueño, comenzó a atreverse a comprender la magnitud de lo ocurrido. A mi lado, un silencio lleno de expectación se hacía notar en cada respiración, cada latido. Lentamente, la realidad se impuso; había sobrevivido, y en ese mismo instante, algo maravilloso se encontraba a la espera.
El primer contacto fue indescriptible. Sentí un calor reconfort