Era las dos de la mañana, el avión privado aún seguía en el aire, Magnus al fin había cerrado los ojos para dormitar por un momento.
Al cabo de unos veinte minutos mas, por fin la aeronave bajó a tierra firme, Mendraco volvió su mirada en su jefe y este seguía con los ojos cerrados, le dió una palmadita en el hombro y dijo:
—Vamos.
—¿Llegamos?
—Si señor?
—Sentí el viaje corto —dijo Magnus volviendo a ver para todos lados.
—Está la neblina cubriendo el amanecer, hace mucho frío —dijo Mendraco ju