Los días transcurrieron, para mala suerte de Magnus no hubo otra tormenta como la que hubo y Sara no descansó en sus brazos otra vez.
Pero se satisfacia sabiendo que la tenía bajo el mismo techo todos los días, eso ya era ganancia para él.
Sara en cambio veía a Magnus sentarse impecable en la mesa para desayunar con él, tenía ese porte característico de parecerse perfecto y pulcro, era un buen mozo.
Sabía que había muchas mujeres atentas a Magnus, ¿pero él era atento con ellas? Se preguntaba Sa