Cap. 37

La rabia era palpable en el rostro de Vega, que alboroto un poquito su cabello corto rojo, pero las mirada de más de un hombre que pasaba no podía ser dejada a un lado, era el centro de atención de esa playa de la provincia muy apartada de la ciudad, para no llamar la atención.

— ¡Oh cierto! Pero sabes que mi paciencia tiene un límite Pecosa y necesito más dinero o ya sabes, que puede pasarte si no llegas a cumplir.

Cuando hubo dicho eso, un escalofrió se instaló en el cuerpo de Vega, s
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