Los Ángeles tenía esa luz de octubre que no era otoño del todo porque Los Ángeles no entendía el otoño, solo lo imitaba con una baja de temperatura de cinco grados y árboles que se ponían amarillos sin convicción, como actores secundarios que no se saben bien el papel. Everly lo había notado desde que llegó que la ciudad fingía las estaciones en lugar de tenerlas, igual que fingía muchas otras cosas, y que eso en algún sentido absurdo la hacía sentir más en casa que Denver, donde el invierno ll