Movió sus dedos muy despacio, de adentro hacia fuera, en círculos, y de nuevo adentro y fuera. Sus dedos salieron de mí, pero no me atreví a abrir los ojos, pues estaba sumida en una extraña mezcla de sensaciones que iban desde miedo, pasando por la culpabilidad de estar haciendo algo inadecuado, hasta llegar a una relajación total. ¿Cómo rayos podía sentirme tan relajada cuando mi corazón latía frenético en mi pecho?
Abrí mis ojos de golpe al sentir algo caliente y muy húmedo. Di un respingo a