Seo-jun permaneció inmóvil frente al espejo del baño, con el teléfono aún temblando en su mano. Había apagado la música, pero el eco de la voz de Jasiri seguía resonando en su cabeza. La canción, cargada de sentimientos, lo sacudió hasta lo más profundo de su ser, desatando una tormenta que ya no podía controlar. Su reflejo en el espejo le devolvió un rostro marcado por el dolor, con las lágrimas secas en las mejillas y los ojos enrojecidos por la impotencia.
No podía más. Había intentado ser f