Minutos antes...
Seo-jun se sentó al volante de su auto. El cuero frío del asiento contra su espalda no se comparaba en absoluto con el vacío helado que sentía dentro de su ser. Encendió el motor, pero permaneció inmóvil durante varios segundos. Se quedó allí, mirando a través del parabrisas como si esperara que algo cambiara, algo que lo rescatara de la realidad que lo golpeaba con brutalidad: Jasiri ya no iba a formar parte de su vida. Nunca más.
Esa certeza lo destrozó.
Golpeó el volante con