Yuna cerró la puerta tras de sí con un suspiro tan profundo que le dolieron las costillas al soltarlo. Lloró todo lo que pudo durante el camino a casa, pero con cada paso, el peso del dolor en su pecho se hizo más insoportable. La casa estaba en silencio, apenas iluminada por la luz tenue del recibidor. El lugar, decorado con un estilo minimalista y moderno, reflejaba lo que siempre había aspirado a ser: perfecta, sin un rastro de desorden que delatara el caos emocional que bullía bajo su apari