Jasiri apretó el botón del ascensor. Aunque sólo llevaba medio día, ya se sentía agotada. Mientras las puertas se cerraban despacio, permitió que sus hombros se relajaran y dejó escapar un suspiro.
El ascensor descendió en silencio. El suave zumbido del motor era el único sonido que rompía la calma momentánea. Jasiri apoyó la cabeza contra la fría pared de metal, cerró los ojos por un instante y trató de vaciar su mente. Pero los pensamientos eran implacables, como un río caudaloso que se negab