Seo-jun se acercó a la puerta de la oficina de Adam con pasos firmes. La puerta estaba entreabierta, y desde dentro se escuchaba a Adam hablando acaloradamente por teléfono.
Al entrar, Seo-jun notó el desorden que reinaba en la oficina. Había cajas de cartón apiladas en las esquinas, carpetas dispersas por todo el escritorio, y una sensación de caos que contrastaba con la habitual meticulosidad de Adam. Era la primera vez que lo veía tan desorganizado.
Adam, quien estaba con el rostro rígido, n