꧁ ISABEL ꧂
Me desperté cerca de las diez de la mañana y no tuve fuerzas para moverme. Me quedé tendida, mirando el techo como si las molduras pudieran sostener mis pensamientos; la claridad que se colaba por la rendija de la cortina hacía bandas sobre la pared y, sin embargo, todo me pareció en penumbra. El duelo se había acomodado dentro de mí como una piedra caliente: pesaba, quemaba en el centro del pecho y me impedía incorporarme. Podría haber pasado el día entero así, fingiendo que dormía