꧁ ALEJANDRO꧂
Seguía allí, estacionado a unos metros de la casa, con el motor apagado y las manos rígidas sobre el volante. La luz del segundo piso seguía encendida, una llama temblorosa que marcaba el lugar donde Isabel estaba, donde mi hija dormía. Cada destello parecía un latido, y yo me sentía atrapado, como si esa luz fuera un imán que no podía soltar.
Llevaba demasiado tiempo mirando, debatiéndome entre salir del auto y tocar la puerta, o quedarme allí, escondido en las sombras, observando