El agua del baño formaba pequeñas olas suaves en la pequeña tina sobre el mesón. Luna, aún tan pequeña, jugaba felizmente con el agua, moviendo sus deditos en círculos, mientras la madre la observaba con una sonrisa.
Isabel se sentía en paz, por un momento ajena a todo lo demás, como si no hubiera juicio a la vuelta de la esquina, como si no fuera una mujer atrapada entre dos mundos. Solo estaba ella, su hija, y la calma del día. Pero, al girarse a buscar la toalla para cubrir a Luna, se dio cu