Hiro carraspeó y se apartó a un lado.
—Hay una cosa más que te quiero enseñar.
Subieron otro tramo de escaleras y entraron a una sala ante la que Aiko se quedó sin aliento. Una de las paredes era todo cristal, con vistas a varios acres de jardines bien cuidados e iluminados y una fantástica cascada ( un enorme cascada artificial ) estaba decorada con luces de un amarillo resplandeciente. Y, allí mismo, delante de aquella maravillosa vista, había un espacioso escritorio.
—¿Es en serio?- exclam