Él se acercó a ella y la agarró del codo. Ella trató de apartarse, pero no pudo hacerlo. La apretaba con demasiada fuerza.
—Camina o tendré que arrastrarte —le dijo él casi gruñendo—. Del humor del que estoy ahora mismo, no lo dudes, te llevaré a rastras si no me dejas otra opción.
Aiko supo que hablaba en serio y decidió andar. Él mantenía un control férreo sobre ella y trató de convencerse de que no le importaba.
Pero sí corazón se compromiso dolorosamente al pensar en todas las mujeres qu