Todo había cambiado en un par de horas.
La habitación estaba demasiado iluminada, contrastaba con la oscuridad que habían tenido en el club y después en el puente.
Y Aiko nunca se había sentido tan desnuda, tan vulnerable y expuesta. Ya no estaba temblando, pero se sentía aún más destrozada y dolida. Y viendo cómo estaba Hiro, se sentía peor aún.
Él le sostenía la mirada desde el otro lado de la habitación. Todas las mentiras, las traiciones y los estúpidos juegos se interponían entre los dos