Aiko bajó la vista y vio que él estaba acariciando la copa de vino que le habían traído, como solía acariciar su cuerpo y supo en ese instante que él lo estaba haciendo a propósito, que sabía exactamente lo que estaba consiguiendo al pasar lentamente sus dedos por el delicado cristal.
No pudo evitar estremecerse y sintió una oleada de calor recorriendo como una lengua de fuego todo su cuerpo.
—La suite nupcial, los pétalos de rosa, el champán… Supongo que querías forzarme a recordar el pasado.