Hiroshi podía notar que había entre ellos las mismas llamas, la misma fuerza violenta y amenazadora que los había dominado entonces. Era casi como si aquello volviera a suceder.
Como si pudiera oír de nuevo cómo se rasgaba la tela de su camisa cuando ella se la arrancó de golpe, como si las palmas de sus manos recordaran con demasiado detalle cómo había sido agarrarse de ella mientras se mordían la piel.
Podía recordar, sin apenas esfuerzo, la rabia y la locura incontrolable que los habían con