Dos días después, de regreso en Tokyo y tras llorar durante horas porque había regresado al principio, Aiko no podía soportar el descanso obligatorio que le había impuesto. Necesitaba con desesperación salir al mundo exterior.
El ama de llaves frunció el ceño al verla abrir la puerta principal.
–¿Va a salir? –preguntó la mujer con gesto de preocupación.
Elle se giró.
–Sí. El médico dice que puedo salir. Según las ecografías, todo está bien. Me vendrá bien algo de ejercicio físico.
–Al señor