–¿Te molesta?
Él hizo una pausa y la miró con gesto grave.
–No. A mis padres les encantará, eso es seguro.
Ella lo observó y permaneció en silencio.
Hiro se apartó.
— Me quedaré a hacerte compañía esta noche.
A la mañana siguiente, ella confirmó sus temores. No lograba acostumbrarse al peso del anillo en su dedo.
Se levantó de la cama, agradecida de que le quirasen las esposas y se fue al baño a llorar. Se sentía impotente y aterrada. Sabía que su futuro sería incierto.
Después de