Hiro miró su plato.
–Te has comido toda la cena, muy bien. Me alegra que te estés comportando.
Ella suspiró y señaló a su plato vacío.
–Me apetecen mucho los carbohidratos. Me voy a poner como una vaca.
–Serías una vaca preciosa –comentó él con voz suave.
–¿Eso crees de verdad?
–Sí.
Aiko quiso preguntarle si la había echado de menos mientras ella estuvo en Estados Unidos y si había pensado en ella, pero temió que a él le pareciera una pregunta tonta.
–¿Qué tal te ha ido el día? –pregunt