Roxanne Meyers
Me tranquilizó un poco escuchar al doctor decir que mi hijo estaba bien. Después del golpe que me di y la montaña de emociones vividas, solo puedo concluir que mi frijolito es realmente fuerte.
Miré de reojo hacia la puerta del improvisado consultorio; allí estaban ellos dos, claramente hablando de mí. Salvatore mostraba su típica expresión fría y calculadora, mientras que su amigo Lorenzo sonreía al verme. Me sonrojé un poco y cubrí mi vientre, incómoda por la cantidad de piel e