Damián se acercaba con una sonrisa ladina, moviéndose con una elegancia felina que la dejó aún más desconcertada y mirando a su alrededor, en busca de una salida o cualquier excusa para alejarse de él, dado que, su presencia, de por sí, la pone en guardia, y ahora junto a eso, le despierta una mezcla de fascinación y sobresalto.
—¿Y el ingeniero arquitecto? —, balbuceó Aylin tratando de recuperar la compostura.
La respuesta de Damián fue una sonrisa aún más amplia y una mirada penetrante.
—No n