Mi morbo y tu curiosidad.
Aylin sintió cómo el material suave se deslizaba por su piel, dejándola casi completamente expuesta.
Sus mejillas se encendieron, tanto por la sorpresa, como por la vergüenza de la situación, y Damián pareció tan sorprendido como ella, sus ojos se abrieron de par en par, y un rubor notable se apoderó de sus mejillas, pero en ningún momento, apartó su mirada, sino que observó sin disimulo desde sus senos redondos, firmes y aparentemente suaves, adornados con unas aureolas rosadas y por unos pezo