Gente perversa.
Con el rostro empapado de vino y el shock evidente en sus ojos, Lara ignoró por completo la pregunta de su marido y se retiró casi en un acto de escapatoria.
—Oye, dije que te detuvieras —le gritó Darío, pero ella no se volteó para mirarlo, simplemente continuó. Cuando entraron al ascensor, él la agarró del brazo y lo retorció.
—Te dije que te detuvieras. Sabes lo mucho que me fastidia que me dejes como un idiota frente a todos —rezongó furioso, sin importarle que había cuatro personas cerca de