Como bestia hambrienta.
Aylin estaba absorta en el sabor de ese beso, en el gustillo a mentolado y a licor; una mezcla que no le pareció para nada desagradable, sino que, al contrario, le encantaba. Chupaba sus labios con un hambre voraz, dejando que sus preocupaciones se desvanecieran por un momento y el mundo exterior desapareció mientras se entregaban el uno al otro, explorando cada rincón de sus bocas con una pasión salvaje.
Se separaron, dejando escapar un suspiro y Aylin miró a Damián, sintiendo sus latidos ace