Alucinación lujuriosa.
Aylin soltó una risita y se volteó para dejar la inyección a un lado.
— Pues está bien, te vas a morir del dolor.
Justo cuando estaba a punto de marcharse, él la detuvo.
— Dale, ven. Hazlo —, gruñó mordiéndose el orgullo de un macho que no quiere ser tocado.
Aylin no pudo evitar mostrar una sonrisa triunfante mientras se acercaba a la cama.
— Estoy orgullosa de ti, no te quejaste en ningún momento —, le dijo de manera jocosa, como si estuviera jugando con él.
Damián soltó un bufido, y frunci