42| Pérdida.
Clarissa se aferró de la mesa que tenía en frente, con tanta fuerza que los nudillos se le pusieron blancos, la sala estalló en una algarabía, pero Clarissa no logró escuchar nada más allá de eso, sentía la cabeza embotada y solo los martillazos que dio la juez lograron opacar a la audiencia.
— ¡Silencio! — gritó la mujer y toda la sala se puso seria de repente — continuaré con el veredicto — bufó — la custodia será competa e incondicional del padre, y solo él determinará qué días y cuánto tiem