43| Sin mascara.
Clarissa sintió el cuerpo débil, las rodillas perdieron su fuerza y amenazaron con dejarla caer al suelo, pero ella sabía que no podía dejarse vencer, que tenía que sacar fortaleza de donde no tenía y luchar.
— Dejalo — le dijo ella al hombre de la ventana, tenía el brazo alrededor del cuello del profesor que comenzaba a ponerse muy rojo y la pistola apuntándole en la cien — ¡dejalo! — le gritó Clarissa, el miedo comenzaba a transformarse en rabia.
— El niño ya no está, el novio falso tampoco y