24- PADRE SOLTERO. Liberar el corazón.
Ana se giró dándole la espalda a Maxwell y bajó los pies de la cama sentándose en el borde. El hombre hizo lo mismo y se sentó a su lado contemplado la argolla de matrimonio que ella le había entregado.
— No pensaba decírtelo — le comentó ella — se supone que yo me iría.
— ¿Ya no lo harás? — le preguntó él con un tono esperanzado y Ana lo miró a los ojos.
— Cuando me escuches, sabrás por qué quiero irme — él miró de nuevo el anillo.
— Estás casada — murmuró Maxwell muy bajito, como si así no fu