NARRA EMERSON
—¡Mami, papi! —correteó mi pequeño cuando nos vio ingresar al departamento de Rosario y Ernest.
—¡Cuidado te puedes… —avisó Berenice a Dante cuando éste tropezó y si no fuera porque yo fui lo suficientemente rápido se habría ido de boca al suelo—… caer —terminó la frase mi ángel reprimiendo una carcajada.
—No puedes negar que es tu hijo, Berenice —comentó Ernest mirándonos graciosamente —. Heredó tus dos pies izquierdos.
Tomé a Dante en mis brazos y le di un beso en su mejilla—. ¿