Cada día que pasaba el hombre que me tenía en sus brazos se estaba haciendo indispensable para mí. Siempre se aseguraba que estuviese cómoda, contenta y feliz. Si me veía triste, ahí estaba para apapacharme o decirle palabras de confortación, consiguiendo su cometido.
Quizás si estuviese experimentando estas sensaciones en mi vida hace unos meses atrás, estaría aterrada sin lugar a dudas, sintiéndome en una encrucijada. Pero, hoy no era así. Cada vez estaba más segura que Emerson era el único c