|Capítulo: Lo que no puedo darte|
Rosaura abrió la puerta y sonrió. Esa sonrisa que ponía cuando en cuanto me veía. Me hice a un lado mentalmente, porque lo que venía no era bueno.
—Hola —dijo—. No avisaste que venías.
—No, perdona. ¿Puedo pasar? Fue algo repentino, pero necesario.
—Me hubieses llamado, para prepararme y salir, o algo así. Estoy hecha un desastre.
—Tranquila, siempre estás hermosa.
Entró al salón delante de mí. Había flores en la mesa, una serie pausada en el televisor, una taz