|Capítulo: El ramo|
Camila
Trevor estaba de rodillas frente a Izan, abotonándole la pequeña chaqueta azul mientras nuestro hijo hacía todo lo posible por no quedarse quieto.
—Los anillos van aquí —le explicó, señalando el cojín blanco sobre la cama—. Los sujetas con las dos manos y caminas hasta donde estará Susana. No corres, no saltas y no juegas con ellos.
—Ya lo sé, papá.
—Y, sobre todo, no te los metas en la boca.
Lo miré desde el espejo.
—¡Trevor! No digas eso ni en juego. Ni siquiera se