|Epílogo|
Camila
Cinco años después
Me desperté con alguien respirándome en la cara.
Cuando abrí los ojos, encontré a mi hija arrodillada junto a la cama. Tenía el cabello enredado, la pijama torcida y las manos cubiertas de algo marrón.
—Mamá...
Todavía estaba medio dormida cuando vi sus dedos.
—¿Qué tienes ahí?
Escondió las manos detrás de la espalda.
—Nada.
—Enséñamelas.
Negó con la cabeza y dio un paso atrás.
Me incorporé.
—¿Es lodo?
—No.
—¿Chocolate?
Volvió a esconder las manos y miró haci