|Capítulo: Lisboa|
El taxi paró frente a una verja de hierro y el conductor dijo algo en portugués señalando hacia adelante. Pagué sin entender nada, bajé con Izan pegado al pecho y saqué la maleta del maletero yo sola porque el hombre no se movió del asiento.
Me quedé en la acera.
La casa estaba al fondo de un camino de piedra flanqueado por árboles que no sabría nombrar. Era grande. No grande como los pisos amplios que había visto en la ciudad, ni siquiera grande como mi casa, sino grande de