|Capítulo: Cama vacía|

|Capítulo: Cama vacía|

Apoyé mis manos en la cama, levantando mi espalda de ella. 

Fue muy obvio la cama vacía, solo conmigo, sin Camila. 

¿Dónde estaba?

Miré que sus cosas no estaban y solté un suspiro largo. 

Al menos pudo quedarse hasta que yo despertara. Vaya manera de irse. Creo que no nos volveríamos a ver, después de todo ya no era mi empleada y justo por eso pasó esto. 

Una… muy buena despedida.

Rasqué mi pecho y me fui directo a la ducha, pero entonces recordé que tenía un asunto muy urgente con Tyler, mi mejor amigo. Le envié un mensaje para vernos en el restaurante del hotel y ahora sí, me metí a la ducha. 

Cuando me estaba lavando los dientes, vi un pequeño rasguño en mi pecho, era de ella. 

¿Por qué diablos se fue cuando me quedé dormido? ¡Qué manera de arruinar las cosas! 

Mi camisa estaba un poco estrujada porque todo lo arrojé al suelo al desnudarme, pero ya Tyler estaba abajo y no podía tener tiempo para otra cosa. 

—El gato salió a cazar —dijo al verme. ¿Qué decía mi aspecto? Me saludó con un abrazo, se detuvo para sacudir mis hombros y me enseñó un cabello que tenía en la chaqueta—. Bueno… supongo que has tenido un buen día —su sonrisa se me contagió, rasqué mi cabeza y rodé los ojos, era obvio que yo había estado con una mujer, al menos era obvio para él. 

—No muy bueno. Desperté y ella ya no estaba. 

—¡Ouch! ¿Un fuerte golpe para el ego? 

—Para mi autoestima. —¡¿Cómo fue capaz de irse y dejarme dormido?! Tal vez era su manera de vengarse por despedirla—. Y creo que no la volveré a ver.  ¿A qué mujer se le ocurre hacerme eso? ¿Qué demonios dice eso de mí?

—Veo que sí te ha afectado. Conserva el sabor de algo bueno y no pienses en ella —me aconsejó—. Pero si la conocer, siempre puedes buscar más.

—No lo creo.

—Pues ya sabes qué hacer, olvídala.   

—Eso haré. 

—Nada mejor que el aroma que queda cuando ellas se marchan, pero de igual forma no eres de conservarlas, ¿por qué esa cara de disgusto?  No logro entenderlo. Si esto es lo que te gusta, aquí te pillo, aquí te mato, sin compromiso.

—No lo sé. —No sé por qué me afectaba que ella se hubiera ido de ese modo—. ¿Qué hay con los terrenos? Esas tierras ya tienen que ser nuestras. ¿Cómo vas? Dame ya los detalles, Tyler. —El camarero se acercó, yo lo invité a cenar, de todos modos, ya era de noche, pedimos unas copas de vino y la charla siguió. Había que hablar de negocios—. Lo he dejado en tus manos, dime los detalles ya. Es lo único que falta para poder dar luz verde a la construcción de la fábrica. 

—Verás… 

—Una de las zonas más importantes está en manos de un hombre que no quiere vender, eso ya lo sé. Pero tu trabajo, para que todo siga adelante, es convencerlo de que él venda, darle una buena oferta y ya quitarnos todo esto de encima. ¡Es lo único que falta! ¡Siempre hay un precio! Los demás vendieron, él lo hará. 

—Falleció —dijo lentamente—. Vine a verte en cuanto lo supe. Fue esta mañana. Le dio un infarto. 

Pero esto solo nos facilitaba las cosas, ¿no? 

—Vaya, ¿quién queda a cargo de sus tierras? 

—Tenía dos hijos, de diferentes madres. Uno de ellos, quien vivía con el padre, tiene una condición especial, es el hijo mayor. 

—¿Qué tan especial?  ¿Nos dificultará las cosas para planear una compra?

—Tiene que quedar a cargo de su hermana, no se puede valer por sí mismo, en cuanto a la toma de decisiones y todo eso, es… como un niño, uno muy grande. 

—Habrá que contactar a su hermana, ¿vive en el pueblo? 

—No. De hecho, según los datos de varios moradores, ella es de esta ciudad. Salió de aquel pueblo cuando solo tenía diecisiete años, creo que no tenía una buena relación con el papá y ella no tendrá una buena relación con el hermano tampoco. Los de allí no dicen mucho, es como si se fuera luego de traicionarlos a todos, como si su partida no fue bien vista. 

—¿Qué pasa si decide no hacerse cargo del hermano? 

—Bueno… le corresponde a ella, en caso de no querer yo creo que tendría que pagarle su estancia en algún centro, imagino que el estado también interviene. Es como un niño, y no estoy exagerando. Se supone que, por su condición, recibe una ayuda del gobierno que lo ayuda a subsistir, a él y a quien lo cuide, sin mencionar todo el trabajo que tiene aquel rancho en el que viven, las ovejas, las vacas, no lo sé, pero ahí tienen su medio de vida, son como unos granjeros o algo así. Venden ganado a unas pocas personas, también prestan sus tierras para la crianza de algunas otras y alquilan establos para caballos. No les va mal. 

—Si la hija, quien seguro terminará haciéndose cargo del hermano, decide no vender, habrá que quitarle todo, nadie comprará sus carnes, alquilar sus establos o cualquier otro maldito ingreso que entre para ellos. ¡Tienen que vender! Esto no es un juego de niños. Dale unas tres semanas, no hagas nada. Que pasen su duelo y luego, con la cabeza fría, hablamos otra vez de negocios. En caso de que se haga de nuevo un rechazo, tendré que intervenir. Me he mantenido al margen por todos estos meses y la presión que recibo es muy grande, la fábrica tiene que empezar su construcción. 

—Está bien, ya tenía eso entre manos. Hay que acorralarlos, solo queda esperar a que llegue la hermana por la muerte del padre. Les daré unos días, el luto y esas cosas, que se organicen con lo del funeral, llevaré flores y más. Entonces, le haré la oferta. Y si rechaza como el padre, atacaré. Déjalo en mis manos.

—Por favor, te lo digo claro, todo lo que sea necesario debes de hacerlo, porque necesitamos esas tierras.

No me iba a estresar, la muerte de ese hombre iba a ralentizar algunas cosas, pero siendo una mujer de ciudad quien tomaba las riendas ahora, vendería a la primera, no me cabía la menor duda. 

Desde que se vea en medio de un campo con olor a m****a, un hermano discapacitado y llena de animales, correría a la gran ciudad para volver a su vida.

—Venderá. Es imposible que alguien de ciudad se adapte de nuevo al campo. Y más si se trata de una mujer. ¿Es muy mayor?

—¡Qué va! Por lo que escuché es bastante joven.

—Pues eso ya está hecho. Venderá.

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