“... El “primer cliente” deslizó las manos a lo largo de mi espalda desnuda, expuesta por el holgado vestido de lentejuelas. Gimió mientras yo hacía lo posible para no romperme.
—Hace años, cuando ese imbécil de Daniels me golpeó y corrió de su casa después de tocar a su zorra, juré que tomaría algo suyo, algo que amara al grado de enloquecer al perderlo.
Hablaba de Katerin, de la historia que me había contado Madame Marie, la ama de llaves: Hace años, hubo una pequeña fiesta aquí, y en un d