En cuanto puse un pie en la propiedad, supe que algo no andaba bien. Había al menos 10 coches en la entrada, y un puñado de hombres vigilando. Y del interior de la casa, emergía una serie de gritos de terror puro. Temblé mientras salía del Moserati.
—¡Livy!
Volteé inmediatamente, sorprendida de encontrarme a Isaac allí.
—No puedo creerlo, volviste —dijo, deteniéndose a un paso de mí. Sonrió —. Realmente volviste.
Le devolví la sonrisa. Me había tardado un poco más de lo planteado en regresar