Apagué el motor a las afueras de su hotel y apoyé la frente en el volante un momento. Aun no lo creía, pero Sebastián realmente me había dejado ir.
Incluso me había dejado llevarme su Moserati. Incluso me había llevado hasta el coche y despedido con una sonrisa triste. Incluso me había besado y dicho que me esperaría hasta que decidiera regresar a su lado, aun sí eso nunca ocurría.
Minutos después, levanté la mirada y miré largamente el edificio a mi lado. Ya no quería seguir así. Ahora que