Habían pasado dos días desde que se habían integrado al trabajo, el día anterior cuando Maddie se despidió Milo frunció el ceño.
—¿Te vas? ¿A tu casa? — le había preguntado casi indignado, Madison estaba sorprendida.
—Sí y sí, ya he terminado mi día laboral, son las seis de la tarde cariño, creo que también deberías ir a descansar. — Milo seguía con su ceño fruncido — ¿Qué pasa? — le preguntó, porque realmente no lo entendía.
—Pasa que te vas — su tono exagerado género una sonrisa en ella.