**ELENA**
Damián me soltó con una parsimonia violenta que delataba la fijeza de su obsesión biológica. Lo observé acomodarse los puños del abrigo de cachemira con una sonrisa sutil, complacida, que mi orgullo aristocrático disfrutó registrar en el reflejo del monitor. El animal sin sentimientos que pretendía gobernar mi existencia bajo el edicto de su boca estaba atrapado en la red de mi propia dulzura proactiva. Sabía que su personalidad inquebrantable jamás cambiaría las deudas del pasado por