**ELENA**
El frío de la llovizna se colaba por los portones destrozados del vestíbulo, arrastrando un olor a pólvora y tierra mojada que encendía las alarmas de mi cuerpo. Me mantuve oculta tras la columna de madera noble de la biblioteca, con las manos presionadas contra el relieve de mi vientre esmeralda, sintiendo cada latido de mi hijo como un eco acelerado, salvaje, de mi propio pánico. A través de la penumbra gélida de la estancia, la silueta masiva de Damián recortaba la claridad escasa