—Señor… le aconsejo que vayamos con cuidado… esta es nuestra única oportunidad, y el hombre ni siquiera sabe que usted estará presente.
Enzo se giró hacia su agente privado y asintió de forma lenta, mientras chasqueaba los dedos y la ansiedad gobernaba su cuerpo.
—No se preocupe… sé lo que tengo que hacer… conozco a Albert…
Pasaron unos minutos hasta que la guardia los dejó entrar a la sala de visitas, y está en especial era una muy arreglada con mucho dinero de por medio para que él tuviera el