Gianna se levantó unos días después por la mañana, cuando su madre le sirvió el desayuno, junto a una mermelada de mora que era su favorita.
Era un día frío, pero se suponía que hoy la dejarían pasar para ver a Enzo, por cinco minutos. Sus cinco minutos más esperados.
La ansiedad no le dejó comer mucho, pero en definitiva estar con su familia, la había llenado un poco de fuerzas, que, en los últimos días, se habían estado desvaneciendo.
—Puedo acompañarte… —la mano de su madre se posicionó en l