Enzo pudo sentir la inocencia pura en esa boca inexperta en todos los sentidos, que le dio un punto más a la cima de sus emociones. Literalmente podía percibir el temblor de sus labios, y se apresuró en abrir la boca para succionar los suyos con ansiedad.
La adrenalina que recorrió su cuerpo hizo que el peso de sus hombros y todos los demás desapareciera, mientras sus manos acunaron más su rostro para profundizar el beso, que estaba aumentando la crisis en su sistema.
Ella se dejó llevar por su